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lunes, 3 de enero de 2011

Hola a todos desde España

Hola a todos. Mi nombre es Juan Enrique Soto y cuando me preguntan por mi profesión, respondo que soy escritor, aunque me gane la vida, igual que Silvia, gracias a la Psicología. He publicado dos novelas en una editorial que engulló la crisis, pero la fortuna me sonrió cuando la Editorial Baile de Sol apostó por mi primera novela El silencio entre las palabras, que espero salga a la luz este 2011.
Resido en un pueblecito al sur de Madrid, España, y edito la modesta Revista de Creación La Barca, que desde ya os invito a conocer. Para no aburrir más, os señalo mi web www.juanenriquesoto.es y mi blog www.juanenriquesoto.blogspot.com donde comparto quien soy y lo que hago.
Es un placer estar con vosotros en este maravilloso (siempre) y cruel (a veces) mundo de la literatura.
Incluyo el poema que sale en el número de La Barca de este enero de 2011. Que lo disfruten y les invito a unirse a la tripulación.

EL CABALLERO DE LOS OJOS GRISES

El caballero de los ojos grises
ha sido cruelmente asesinado.
Su cuerpo yace amarrado a los juncos
boca arriba, ciego, de cara al cielo.
Los reflejos del sol sobre las aguas
reverberan en su pálido rostro
y le exploran los primeros insectos.
Nos han cortado nuestra flor más bella,
la que nos llenaba el pecho de gracia,
regalo de valores inmortales.
Con sus pulidas voces bien templadas
henchía nuestro ánimo y, a su lado,
nos sabíamos más fuertes, más nobles.
Pero sólo somos gentes sencillas,
labriegos de ásperas y rudas manos.
No han sido, no, formados nuestros hombros
para deslumbrar con escudos de armas
sino para servirles cabizbajos.
Y ahora a la tristeza de su muerte
se añade perversa la vergüenza
de no haber osado defenderle
sino a su incierta suerte abandonado.
Con cuanta pasión sus ojos grises,
llorosos, nos miraron compasivos
en el postrer y nefasto momento.
Leyó pavor en nuestros corazones
y su último aliento fue un perdón.
No fuimos dignos de su majestad,
de su colosal, solemne luz grave
y eso aventuraban sus enemigos.
Combatió junto al río cual héroe
hasta que cayó su espada extenuada
de verter y beber tan sangre oscura.
La templada hoja en dos se partió,
empuñó el puñal de piedras labrado,
regalo de monarca agradecido
y, para mayor agravio de todos,
hasta el mango reluciente en el cuello
le fue clavado por un mercenario.
La Más Negra le miró a los ojos
y vació de suspiros su pecho.
La vida le fue así arrebatada
por los filos necios y despiadados
de nuestro rey vanidoso y altanero.
Enterrar su cuerpo no nos permiten.
En un blando y sucio lecho descansan,
su bondad, su alto orgullo, la verdad.
El caballero de los ojos grises
ha sido asesinado por la envidia.
Su muerte será aclamada en vano
por nosotros, que fuimos su motivo
pero no por quien a la viuda fuerce
ni por quien de su castillo se apropie.

1 comentario:

Ana Carmona dijo...

Bienvenido a este blog, Juan!...tu poema es muy bueno. Buen vocabulario y creo que lleno de simbología. Me ha llegado como la caída de las utopías y la impotencia de no sber cómo sobrevivirlas...Besitos desde Argentina...Any