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viernes, 29 de marzo de 2013

EN TRANCE por VERÓNICA BOGADO


La tranquilidad fue flexible.
De repente nuestro mundo se torció
y mi corazón bombeaba látigos por latidos.
Mi cabeza era un volcán dormido
y a mis oídos entaponaba su lava.
El oxígeno, a veces, me visitaba.

Tan sumida en el trance
apenas percibía el golpe de la realidad.
Creo que si el destino hubiese decidido otra cosa
aún no habría despertado.
Fue un gran susto, con su posterior alivio.

Que los días transcurran,
que fluyan veloces
y casi ni note el peso de mi impaciencia.
Que llegue el momento de relajar la tensión nuestra.

VERÓNICA DOMÍNGUEZ BOGADO

miércoles, 30 de enero de 2013

LOS RELATOS DE GRISELDA (SEGUNDO RELATO) por VERÓNICA D. BOGADO



Léela y coméntala en NARRATIVA CON SUSANA

jueves, 29 de noviembre de 2012

LOS RELATOS DE GRISELDA (PRIMER RELATO) por VERÓNICA D. BOGADO


Busca y comenta en NARRATIVA CON VERÓNICA

martes, 6 de noviembre de 2012

NOCHE EN VELA por VERÓNICA BOGADO















Noche en vela.
Noche en vela, con un agujero sangrante en el pecho.
No respiro bien con esta angustia.
Antes comí chocolate, por si me calmaba, pero solo funcionas tú.
Las lágrimas surcan la piel que añora tu tacto.
Me recuerdan que no estás, y que cabe la posibilidad
de que ellas pasen de ser tus sustitutas temporales a permanentes.
Se secan mientras
 caen,
como se mustia mi alma con solo pensar que lo nuestro se termina.
No puedo dormir. Mi corazón hace mucho ruido.
Mi cabeza hace mucho ruido. 
Y el silencio lo tienes tú,
y si no estás ni me abrazas, seguirá habiendo ruido.
Si me necesitas, solo grita mi nombre.
Si me necesitas, despiértame de esta pesadilla.
Si me necesitas, despiértame por la mañana
para escapar de esta noche oscura.
Si me necesitas, LLÁMAME.
Si me necesitas, DESPIÉRTAME.
Si me quieres, cuando mires el móvil SOCÓRREME.



VERÓNICA DOMÍNGUEZ BOGADO

martes, 18 de septiembre de 2012

¡AL REVÉS! por VERÓNICA DOMÍNGUEZ


Quiero perturbar la paz
que recién habita en mí,
agonizar en agudos lamentos
y sentir en carne viva
mi inmerecida desdicha.

Ahogarme en hoscos sollozos,
tiritándome la piel, los huesos, el alma,
encharcando mi fondo así.

Malgastar el tiempo,
desperdiciar mi vida quejándome del grosor
y del peso del dolor.
De mis entrañas.

Disecarme tras soltar océanos de sal
y sucia agua,
empujando mis restos por el suelo
hacia ninguna parte.

Quedarme sin voz en gritos
por no volver a escucharme.

Buscar todas las tristezas existentes
y exprimirlas una y otra vez
y ver como jamás se agotan.
Intermitentes, sin medidas,
vacías aunque llenas.

No me conozco sin nostalgias,
no soy yo sin lloros.
No tengo ánimos para broncearme
ante esta salida de sol tan mágica.
Debería apreciarla.

Me acostumbré a lo malo
y a no creer en la caridad,
en los arcoíris tras las tormentas.

Las cicatrices no escuecen
pero evitan que coja color.
Son tan feas, que con buen tiempo,
me tapo entera.

No es temor, sino desgana.
Deseo sufrir más.
Nunca pensé que ansiaría lo de siempre,
¡al revés!

VERÓNICA DOMÍNGUEZ BOGADO

viernes, 6 de julio de 2012

MONOTONÍA AMADA por VERÓNICA BOGADO


Vacío latente con un remolino de nostalgias.
Estable e insostenible, que sujeta la esperanza y la pesadumbre.
Monotonía insoportable, pero amada...
Una luz recordada cada alba con menos rostro, deformable.
Un yo vulnerable, sin escudero ni armadura.
Solitaria luchadora, mis manos arden sin guantes protectores.
Un brillo en mis ojos evitan un apagón.
Retengo lo que en apariencia no se aleja. Exhausta.
Siempre me recuerdo que no será mi última bocanada de aire.
Trapecista profesional que niega la jubilación...
                       Yo elegí quedarme a desgarrar mi alma, y este es mi precio.


                                          VERÓNICA DOMÍNGUEZ BOGADO

lunes, 5 de marzo de 2012

¿A DÓNDE VA EL AIRE? por VERÓNICA BOGADO


Cuando me acuno en tu regazo,
inhalo lasciva la fragancia de tu cuello,
inundando mis pulmones de ti,
para vaciar ese dulce ahogo en un largo resuello.
Sonríes y parodias mi aspaviento, achuchándome.
Me pregunto, entonces:
¿a dónde va nuestro aire?
Quiero custodiarlo para cuando no nos veamos.
VERÓNICA BOGADO

martes, 28 de febrero de 2012

ETERNIDADES DESHIDRATADAS por VERÓNICA BOGADO


¡Maldigo los temporales secos!
Pareciera que nada en mí hay
por mucho que indague raspando en mi alma,
y mi poesía, nunca existió o jamás volverá.
Siento una desmedida antipatía por los desiertos.
Me repulsan estas eternidades deshidratadas. 
¡Quiero lluvia, por favor! ¡Lluvia!


VERÓNICA BOGADO

jueves, 19 de enero de 2012

jueves, 5 de enero de 2012

AYER, NO ESTABAS por VERÓNICA BOGADO

















Ayer...
Mi colchón se alió con mi pánico y ambicionó retenerme,
pero logré zafarme con el impulso de mi conciencia.
En la aurora, el frío calaba mis huesos y disecaba mi piel,
y en mis labios se pronunciaron curvas de piel reseca.
Mis ojos vestían unas exorbitantes ojeras, tras una tediosa noche de desvelo.
Me dirigía al primer contacto que tomaría mi salud mental.
Ayer, di un paso que estimo me era trascendental e imprescindible,
después de largos años conviviendo con la duda, accedí a mejorarme.
Pero ayer, fui sola. Ayer, necesitaba tu apoyo. Ayer, no estabas...

VERÓNICA BOGADO

viernes, 2 de diciembre de 2011

domingo, 13 de noviembre de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS MAMÁ por VERÓNICA BOGADO



















No es usual en mí
obsequiarte todos los años,
mamá.

Hoy te traigo este presente
para que en el futuro
comprendas este pasado;
que tu hija entiende de otros valores,
de los cuales algún día,
si escribir es sinónimo de números,
pudieran transformarse en los tuyos.

Dinero. Como aguardo penurias,
no puedo hacer más que visitarte,
regalarte mi presencia
y este humilde poema,
poesía colmada de algo más valioso
que las monedas:
nunca se gastará,
permanecerá contigo
siempre que lo conserves.

Feliz cumpleaños.

VERÓNICA BOGADO

martes, 18 de octubre de 2011

NO MÁS REPRESIÓN por VERÓNICA BOGADO



No más represión para dos consternados corazones distanciados.
El mío teme el pálpito quejumbroso en su más desdichada ausencia, ella;
pues ya los bombeos son armas de destrucción masiva corroyéndome.
Se oprime y retuerce por dentro ocasionando un dolor insufrible.


Ella es mi aliento de vivir, mis ganas, mi fuerza, mi respiración…
Sin ella no hay más de mí que un cuerpo apesadumbrado oscilando.
De ella reservas quedan, y a régimen alimentario estricto las mantengo.



Finalizará esta vil tortura, mas desde aquí parece divisado desde tan lejos…
El tiempo retoza intimidándonos, prolongándose, complacido. Malicioso.
Otro remedio no atesoro: soportar y perseverar.
Y ella… y ella. Pobre de ella... padeciendo del síndrome de ansiedad ante los exámenes.
¡Suplico el cese de este martirio infernal!


Preciso del oxígeno que me traspasa con sus labios para sobrevivir…

VERÓNICA BOGADO

jueves, 29 de septiembre de 2011

COMO UNA GOTA por VERÓNICA BOGADO



Como una hormiga
escribiéndole poemas de amor a una jirafa.

Como un bonsai ansiando
abrazar un ciprés.
Como una gota de agua
en mitad del Mediterráneo.
Como un mechero
echándole un pulso al Infierno.


Como un cubito de hielo
en la bebida de un esquimal.
Como una crema antisolar barata
cuando llueven meteoritos.
Como un suspiro leve rodeando un huracán.
Como una mota de polvo estirándose para cubrir el universo.

Mi ser se evapora hasta desaparecer si te pienso.


VERÓNICA BOGADO

lunes, 9 de mayo de 2011

Relato: Una Psicópata Anda Suelta

Introducción24 de Diciembre de 2010



Primero la amé, luego la odié, y ahora… sólo trato de desprenderme de un grano en el trasero.


La ordinariez y la falta de clase con la que inicio la introducción simplemente se trata de un aperitivo del reflejo de algunas de las características de la “psicópata“; de ahí mi explicación a emplear la vulgaridad.


El tiempo no borra los recuerdos, los transforma. Aún así, no destruye su esencia. El hedor de su esencia espanta a los leones, por eso voy a elaborar un jabón de una eficacia absoluta.
Los ingredientes constan de unas propiedades capaces de hacer que desaparezca su sonrisa. La sosa caústica, mi narración de los hechos, la irá abrasando lenta y dolorosamente. El aceite usado, un toquecillo humorístico, manchará la falsa reputación que ella misma se creó.


Le di un mapa de mi alma y maltrató cada rincón de mi ser, destruyéndome. Al parecer, no ha acabado aún conmigo porque, maliciosamente, no cesa de buscarme, de todas las impensables formas posibles...
Siempre he tratado de ignorarla porque dicen que la ignorancia es la torta que más duele. Pero las tortas, visto lo visto, no son lo suficientemente satisfactorias para su paladar. No se le pasa esa fiebre obsesiva.
Y hoy, mientras me duchaba, he pensado que no voy a rebajarme a su nivel. La violencia barrio-bajera, desde luego, no es lo mío. ¿Y qué mejor remedio para bajarle la temperatura que el siguiente?


Ya que la literatura es reproducción de belleza y yo (como buena amante que soy) le hago el amor con mis escritos, voy a describir en todo su bello esplendor mi versión sobre una historia inolvidable de mi vida, sofocando un orgasmo brutal.


Después, cuando lea el relato, se fume un cigarrillo y esté impregnada del olor del jabón, sabrá si debería o no lavarse esa sucia boca, porque si revelo su mayor secreto (bien sabe cuál) puede ser que, de tantos estancazos en la cara que le darán con éste jabón, se acabe ahogando en una inmensa montaña de pompas, creadas con el roce de sus lágrimas…


No tengo nada malo mío que esconder, pero suyo sí... y, si se porta bien ¡y sólo si se porta bien!, me coseré con hilos de paz el labio superior al inferior. Esa manía persecutoria tiene que finalizar.


Por cierto..., pese a sus intentos en balde de que yo sea infeliz, le doy las gracias por hacerme tan inmensamente feliz, regalándome la inspiración bendita que me ha conducido a esto.


Ya me lo decían: ahora lloras, pero algún día te reirás.


Al fin encontré la parte positiva de conocerla.

jueves, 28 de abril de 2011

Cuéntame algo que me deje sin palabras

- Corre, déjame- Me susurra mi hermano pequeño mientras se introduce debajo de mi cama -Tú no me has visto, ¿vale?
- ¿Papá?- Pregunto tras escuchar el sonido del agua cayendo en la bañera.
- Dime.
- ¿Vas a ducharte?
- No, preparo la bañera para el niño.
- Pues no está debajo de mi cama. Te lo digo para que no mires. - Río para mis adentros.
- Venga, niño, sal- Dice mi padre con impaciencia.
- No, no quiero- Berrea siendo arrastrado por el suelo.
- Vamos, no seas como tu tia cuando era chica.
- ¿Cómo mi tia cuando era chica?- Me extraño.
- Sí, que una vez desapareció y la encontramos debajo de la cama de tu abuela harta de comer tomates. Allí había una caja llena.