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jueves, 29 de agosto de 2013

POEMAS DE PABLO NERUDA

MARIPOSA DE OTOÑO

La mariposa volotea
y arde -con el sol- a veces.

Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja: que la mece.

Me decían: -No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada.
Y pasò el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: -No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.

Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.

Se va la manò que te induce.
Se va o perece.

Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.

El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.

Pasò la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.

Su lengua tibia me rodea.
También me dice: -Te parece.

La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.

MUJER, NADA ME HAS DADO

Nada me has dado y para ti mi vida
deshoja su rosal de desconsuelo,
porque ves estas cosas que yo miro,
las mismas tierras y los mismos cielos,

porque la red de nervios y de venas
que sostiene tu ser y tu belleza
se debe estremecer al beso puro
del sol, del misino sol que a mí me besa.

Mujer, nada me has dado y sin embargo
a través de tu ser siento las cosas:
estoy alegre de mirar la tierra
en que tu corazón tiembla y reposa.

Me limitan en vano mis sentidos
-dulces flores que se abren en el viento-
porque adivino el pájaro que pasa
y que mojó de azul tu sentimiento.

Y sin embargo no me has dado nada,
no se florecen para mí tus años,
la cascada de cobre de tu risa
no apagará la sed de mis rebaños.

Hostia que no probò tu boca fina,
amador del amado que te llame,
saldré al camino con mi amor al brazo
como un vaso de miel para el que ames.

Ya ves, noche estrellada, canto y copa
en que bebes el agua que yo bebo,
vivo en tu vida, vives en mi vida,

nada me has dado y todo te lo debo.


PABLO NERUDA

lunes, 1 de octubre de 2012

POEMAS DE PABLO NERUDA


















EN TI LA TIERRA

PEQUEÑA
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.











LA TIERRA

LA tierra verde se ha entregado 

a todo lo amarillo, oro, cosechas, 

terrones, hojas, grano,
pero cuando el otoño se levanta 
con su estandarte extenso 
eres tú la que veo, 
es para mi tu cabellera 
la que reparte las espigas.


Veo los monumentos 

de antigua piedra rota, 

pero si toco
la cicatriz de piedra 
tu cuerpo me responde, 
mis dedos reconocen 
de pronto, estremecidos, 
tu caliente dulzura.


Entre los héroes paso 

recién condecorados 

por la tierra y la pólvora 
y detrás de ellos, muda, 
con tus pequeños pasos, 
eres o no eres?


Ayer, cuando sacaron 

de raíz, para verlo, 

el viejo árbol enano, 
te vi salir mirándorne 
desde las torturadas 
y sedientas raíces.

PABLO NERUDA


sábado, 10 de septiembre de 2011

POESÍAS DE PABLO NERUDA




La canción desesperada*



Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. 
El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba. 
Es la hora de partir, oh abandonado!

Sobre mi corazón llueven frías corolas. 
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

En ti se acumularon las guerras y los vuelos. 
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía. 
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

Era la alegre hora del asalto y el beso. 
La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, 
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida. 
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. 
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra, 
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, 
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura, 
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas, 
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. 
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme 
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, 
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, 
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros, 
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo 
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina. 
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo, 
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh sentina de escombros, en ti todo caía, 
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste 
de pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. 
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero, 
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora 
que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. 
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba. 
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. 

Es la hora de partir. Oh abandonado!


PABLO NERUDA

*Del libro Veinte poemas de amor 
y una canción desesperada