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domingo, 25 de agosto de 2013

BRENDA por JAIME VELÁZQUEZ

I
No la conozco. Anduvo cerca de mi casa, la sentía, como un fantasma de película vulgar. Un día tocaría la puerta, con cara de perseguida y la invitaría a pasar. Soy Brenda, diría. Y yo soy incrédulo. No eres Brenda, no eres Brenda. Entra, te contaré mi historia, o tú dime quién eres. Soy Brenda. Y así volvería el silencio. Ella sentada en el jardín, bajo el almendro, yo con un vaso de agua y el celular. ¿Lo quieres? ¿A quién buscas? Busco un fotógrafo. Tengo un amigo fotógrafo, ¿le hablo? No, dice. Dame el vaso. Ella toma el agua y mira el loro en el pasto: verde en el verde. No era Brenda porque la seguía sintiendo cerca, no frente a mí. ¿Conoces a Brenda? Ella sigue con el vaso, me mira. ¿Cómo te llamas? Soy Brenda. Soñé contigo. ¿Te pintaste el pelo? No. Tenías canas. ¿Yo? Sí. No. ¿No? ¿Quién eres? ¿Me conoces?

II
Cerca de casa hay una mujer que espera. Y yo sé que allí está, aunque no la he visto. No he salido. Me asomo a la ventana y la calle está vacía, porque ella vive a la vuelta, o sale a otra hora, o se va por el lado que la aleja de mi casa: nunca se ha equivocado, camina hacia el lado de siempre. Y espero una casa desocupada de ese lado, para vivir allí y verla por fin, por allí está.

III

Y ocurrió de otro modo. Ella golpeó el aluminio de la puerta y abrí. Era ella. Y se llamaba Brenda, no podía ser de otra manera porque no estoy mirando la calle todo el día. Ella pasa cuando yo no veo. Y así, ya sabes. Entonces tocó, porque alguien le dijo que allí estaba yo. Y abrí. La vi. Le dije Brenda. Ella no dijo su nombre y movió la cabeza hacia un lado y otro. Soy Brenda, diría, si quieres. No tengo nombre. Está bien ese. ¿Me da trabajo? Yo trabajo en silencio y no molesto. Tú nunca vas a molestarme. ¿Tiene trabajo? Aquí no hay trabajo, la casa no necesita otra persona. Pero puedes quedarte en el jardín, junto a la fuente, si no molestas a los peces. ¿Tiene peces? No. No tengo peces. Recuerdo unos peces dorados que se murieron. Y estoy de luto. No hay nada que hacer. Sólo hay que estar sentado y yo me asomaré a la ventana, te veré y diré: ya regresó Brenda. Aquí está Brenda. Como el loro en el pasto que llegó solo y no se ha ido.


JAIME VELÁZQUEZ

1 comentario:

Graciela María Casartelli dijo...

Excelente relato...Mantiene el interés, felicitaciones